H1 - El inicio

SIN SECRETOS

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Parte 6 — La tercera vez (el scort) Después de la última buena experiencia, que fue la segunda, nosotros quedamos ahora sí satisfechos. Después de la primera, que no fue tan agradable, con eso yo me daba por bien servido de haber logrado la experiencia y que todo saliera bien. La calentura que ese encuentro nos dejó nos mantuvo ardientes por más tiempo que la primera. Era coger más seguido, recordar, y la verdad la pasábamos bien. Hasta que salió el tema. Me dijo mi esposa: —Oye, ¿y a ti te gustaría repetir? Y le dije: —Claro, si tú quieres, yo sin problema estoy dispuesto. Y le dije: —¿Con el mismo chavo? Y ella me dijo: —Pues sí, porque ya vez todo lo que batallamos. Entonces pues ya vimos que este es lo que buscamos. Entonces sí. Y yo le dije en broma: —Te gustó tanto que quieres repetir con él, verdad. Jajaja. Yo quería que me dijera que sí, para excitarme. Pero ella es de otra forma. Me dijo que no. Pero que él había sido el único que cumplió con todo. Y le dije: —No te preocupes. Lo que quiero es que la pases bien. Va, deja lo contacto de nuevo. Pero pasó algo que no esperaba. Le mandé WhatsApp. No tenía foto de perfil. No le llegaron las palomitas. Y así varios días. Un día decidí llamarle. Y me salía la operadora diciendo que el número que marqué estaba fuera de servicio. Honestamente, nunca supe si él la pasó mal. Si él decidió bloquearnos. Si él simplemente por algún motivo cambió. O le robaron el número. El hecho es que no lo pude volver a contactar. En fin. Pero bueno, seguimos en busca. Y de nuevo los mentirosos, los que dejan de responder, y mil cosas. Una ocasión quedamos con un chavo que parecía todo bien. Pero el mero día llegó con otro amigo diciendo que si se podían pasar los dos. Obviamente le dije que no. Y hasta me molesté. Bueno, llegamos a pensar que ya no encontraríamos a ningún buen candidato. Hasta que se me ocurrió la idea de contratar a un scort hombre. Y bueno, un día le mostré una página de puros scorts hombres a ella para que eligiera uno a su gusto. Ahí había de todo. Mucha variedad. De todo tipo. Ella me señaló a uno. Era un colombiano. Cuerpo atlético. Bien dotado. Estaba muy apuesto. Todo tatuado. Marcado del abdomen. Honestamente era un súper hombre. Lo digo desde mi hombría, reconociéndolo. Y bien, le mandé mensaje. Ahí estaba su número. Lo que me gustó muchísimo era lo educado que él era. Hablamos. Le platiqué. Le expuse todas las inquietudes, como la limpieza y todo eso. Yo le dije al final que si quería ver fotos de mi mujer. Y no me respondió. Pues después hablamos de nuevo. Porque el primer contacto fue antes de Navidad. Por las fechas era difícil cuadrar. Entonces ya para mediados de enero lo contacté. Él siempre muy interesado y profesional. Le insistí que si quería ver fotos de mi esposa. Y nuevamente me cambió el tema. Hasta que le dije: —Oye, van varias veces que noto que evades el tema. Y me dijo: —Es que mira, tú pagas por un servicio que yo voy a dar. Sin importar si es fea, bonita, gorda, flaca, etc. Yo soy profesional. Eso me gustó aún más. Pues ya no había duda. Era un tipazo. Y a ella le había gustado mucho. Pues llegó el día. Finales de enero. Durante el día no hablamos del tema, porque mi esposa así prefiere, para que no le ganen los nervios. Ya como a las 10 de la noche me puse en contacto con él. Quedamos a la 1 de la mañana. Mi esposa se mete a bañar, como de costumbre. Después yo. Esa vez ella se hizo sus trenzas, tan sexis. Se puso tanga y brasier negro. El brasier de los que se desabrochan de adelante. Un vestido blanco de licra que se le transparentaba la ropa interior y dejaba ver su delicioso cuerpo. A mí me llegó una erección solo de verla así de sexi. Se puso una chamarrita de mezclilla para cuando fuéramos en el Uber. Pues ya agarrramos todo. Ella se llevó un baby doll verde agua y uno blanco. Nos fuimos. Llegamos. Entramos a la habitación. La pedí doble. Y literal eran dos habitaciones con una puerta en medio que separaba una de la otra. Pues nos instalamos en una. Nos acomodamos. Le dije que cómo se sentía. Me dijo: —Nerviosa, ya sabes. Pero con una sonrisa pícara. Entonces, tras platicar un poco, se escuchó que timbran. Y la recepción nos marca y dice: —Esperan a alguien. Le dije: —Sí. Le di el nombre. Y bueno, él ya estaba ahí. Abrí. La primera impresión fue buena. Lo saludé de mano. Le dije: —Pasa. ¿Tomas algo? Le dije: —Siéntete en confianza. Y te advierto: aquí todos venimos a pasarla bien. Yo te pago ahorita. Saqué y le di su dinero. Le dije: —A partir de ahorita te puedes ir a la hora que gustes. Si nos pasamos del tiempo, no pagaré más. Si falta tiempo, no reclamaré. Tú te vas cuando ya te quieras ir. Y si algo no te gusta, igual nos dices. Se trata de pasarla bien todos. Sé que eres profesional. Pero igual eres un ser humano, no un juguete. A mi esposa le gustaste. Entonces por eso te contraté. Pero de aquí en adelante, que todo fluya. Se le dibujó una sonrisa. Él, muy agradecido. Pasó. Habíamos entrado por la habitación que estaba desocupada. Él entró como desconfiado, midiendo todo. Yo lo vi. Pero ya vio que le había pagado y no había malas sorpresas. Pasó y le dije: —Ella es mi esposa. La saludó de mano y beso en el cachete. Se tomó una cerveza mientras platicábamos un poco. Hasta que hice lo mismo de la vez pasada: del juego con su avatar ya personalizado. Pero esta vez fue mejor. Porque cada que alguien perdía prenda, el avatar también la perdía. Entonces los avatars iban quedando desnudos como en la habitación, a la par. Además, mejoré los castigos. Hice todo más a lo que nos gustaba. Ya más experimentado. Pues iniciamos platicando, tirando dados. Empezó a perder una prenda ella. Igual luego. Parte 6 — La tercera vez (el scort) — continuación Los primeros retos fueron de perder prendas, verdad o reto, como siempre. Los iniciales. En una pregunta, él le dijo a ella: —Si ahorita los dos te estuviéramos dando, ¿quién prefieres que te estuviera penetrando y a quién le estarías dando oral? Ella dijo: —Si ya estuviéramos así, pues me gustaría que tú me estés dando en cuatro y yo chupando a mi esposo. Y bueno, las preguntas estaban bien. Ella en verdad se veía excitada. El tipo estaba de muy buen ver. Entonces sé que ella quería que el juego avanzara rápido. Él perdió más prendas. Yo igual. Ella estaba teniendo suerte de no perder, porque me ha confesado que le da pena ir perdiendo prendas. Pero en fin. Pues llegamos a una casilla donde ella se sentó en sus piernas por un turno. Otra donde él se puso una toalla y ella metió la mano por debajo de la toalla. La intención era que ella tocara por dentro del boxer o por encima, pero yo no sabría cómo lo tocó. Solo me podría imaginar. También tocó que ella le dijera un secreto al oído a él. Igual, yo no supe qué le dijo. Y así estuvimos hasta que la zona más intensa se empezó a asomar. El primero fue: ella debía elegir darle sexo oral a uno de los dos. Y lo escogió a él. Yo la caché. Mi esposa estaba turnando: uno a él, uno a mí. Pero en esa ocasión me tocaba a mí, según mis cuentas. Pero me saltó y dijo "a él". Jajaja. Yo dije: —Okey, sin problema. Ella se incó. Yo me volteé un poco. En verdad me daban pocos celos, de esos con calentura. Pero al final celos son celos, ricos. Así les digo. De reojo vi el movimiento de su cabeza: atrás, adelante. Atrás, adelante. Y de pronto volteé y la vi haciéndolo como lo sabe hacer. Riquísimo. Vi la cara de él. Estaba con los ojos cerrados. Y pensé: —Qué suertudo. Le pagan por eso. Jajaja. El mejor trabajo. Pues ella estuvo un par de minutos y se levantó con una sonrisa pícara. Pues seguimos. Tocó que él le masajeara las piernas. Igual, él podía subir y meter mano hasta donde ella dijera basta. Pero nunca dijo basta. Él le tocó hasta donde ella apretó las uñas en el colchón y se mordió el labio inferior y puso los ojos medio en blanco. Pues terminó el masaje. Ahora tocó que ella igual, al perder prendas, hasta quedar en tanga y brasier. Muy oportuno para el siguiente castigo. El siguiente castigo fue atarla de las manos por atrás, ponerle un antifaz para que no pudiera ver. Ella se incó, atada de manos. Yo le desabroché el brasier de adelante, despacio. Y entonces él tomó su miembro y lo pasó por sus senos varias veces. Hasta que ella gimió un poco. Él se quedó parado y ella, supo, abrió la boca y le dio un pequeño pilón. Ya entonces se retira. Él le quitó el antifaz y ella debía adivinar quién le había pasado el miembro por las tetas. Y adivinó. Entonces la desaté. Se levantó. Y le dije: —Negociamos. Ella dijo: —Vale. Y se puso el baby doll verde agua. Se veía increíble. Deliciosa. Hasta él se quedó como sorprendido. Y eso que él ve miles de mujeres. Pues se veía súper sexy. Parte 6 — La tercera vez (el scort) — final Continuamos. Y ya la verdad como que nos urgía que se terminara el juego. A los tres ya nos tardaba. Y los castigos se sentían como que queríamos quedarnos y seguir haciendo lo que nos diera la gana. Pero nos aferramos al juego. Entonces tocó otro. Y este era que ella decidiera a quién le daría sexo oral o quién a ella. Pero él no elegía: solo decidía si dar o recibir. Entonces eligió dar. Ahora, a quién. Eso se jugó en los dados. El número más alto. Él obtuvo 2. Y yo sonreí. Después reímos todos cuando a mí me salió 1. Jajaja. Pues nimido. Era a él. Y era en el cuarto, solo. Entonces no puedo olvidar cómo ella lo tomó de la mano y se fueron al cuarto solos. Vi cómo los dos me miraron cuando se iban, metiéndose a la otra habitación. Y se cerró la puerta. Yo estaba increíblemente excitado. Con celos. Imaginando todo. Revuelto. Y bueno, me pegué a la puerta. Y pude escuchar el chapaleo de la boca de ella dándole con ganas. Eso se podía oír. Y hasta sentir. Era un sonido tan rico. Yo estaba que explotaba. Entonces, pues tras 3 minutos, ya me empecé a sentir medio raro. Y uff, alivio. Se abrió la puerta. Venía hablando y riendo entre ellos. Eso me dio celos. Pero dije: —Bueno, es parte. Y me calmé. Ella venía sin la parte de abajo del baby doll. Después me dijo que mientras ella estaba ocupada con la boca, él le agradecía al mismo tiempo con sus dedos. Pero bueno, parece que la habían pasado bien. Ella entonces dijo: —Se acabó el juego. Gané yo. Ahora vengan. Se incó. Y nos empezó a dar una mamada increíble. Uno y otro. Primero el mío, luego el de él. Los lamía. Los agarraba. Y se daba cachetadas con ellos. Estaba jugando con ellos como si fuera el fin del mundo. Yo estaba hipnotizado. Él también. Entonces no se nos hizo justo. La paramos. Y entonces se puso seria la cosa. Casi le arrancamos el baby doll. Parecíamos lobos sobre ella. Él le abrió las piernas y se sumergió ahí donde a ella le encanta. Ella estaba acostada boca arriba, con las piernas abiertas. Y en medio, haciendo su labor. Yo me inqué cerca de su boca para que todos estuviéramos haciendo algo. A mí me tocó estar solo gozando. Después de un rato, él se quita. La ponemos en cuatro. Y le empieza a dar. Él la jalaba de las trenzas. A ella no le gusta que le jalen el pelo. Pero antes de que yo le dijera algo, él ella le dijo: —Así, así. Uff. Yo me sorprendí. Y vi que ella estaba como poseída. Él le dio varias nalgadas que se marcaban en sus nalgas blancas. Cada nalgada le arrebataba un gemido. Él se acostó. Ella lo cabalgó. Yo me puse parado sobre la cama. Ella me debía a mí. Y a él también. Parecía una máquina de placer. La pusimos en muchas posiciones. De todas formas. Hasta que él estaba a punto de terminar. Les dije: —Terminen solos. Quiero escuchar. Me salí de ahí. Y cerré la puerta. Escuchaba cómo gemía ella. Cómo él le daba duro. Ella estaba increíble. Gritando. Suplicando. De pronto se hace un silencio que se sintió en todo el motel. Yo sentí seguido del silencio unos gritos de los dos. Se estaban viniendo juntos. Abrí la puerta. Ella se retorcía abajo de él. Él le daba las últimas env estidas. Cada vez más profundas. Y más lentas. Como si se le fuera la vida. Al final se tumbó sobre ella. Ahí sentí mucho coraje. Lo vi como si fuera su mujer. Pero después la vi. Y dije: —Vaya. Te lo mereces. Y me calmé un poco. Él se levanta. Y me dice: —Qué suertudo eres, amigo. Tu esposa coge riquísimo. Jajaja. Y le dije: —Gracias. Y yo tan feo y con tanta suerte. Él me dijo: —Tú no eres ni feo ni guapo. Eres un cabrón. Eres un tipazo. Felicidades a los dos. Una pareja muy madura. Y se retiró a bañarse. Fue rápido. Se cambió. Hablamos un poco. Ella lo buscó. Le dio un beso. Y le dijo: —Nos vemos después. Con cuidado. Se fue a enjuagar. Llegó su Uber. Se despidió. Y ya solos, me dijo mi esposa: —Ven, por favor. Yo sabía que era mi turno. Y sí. Estuvimos una y otra vez. Hasta que se acabaron las fuerzas. Y nos quedamos bien dormidos. Desnudos. Felices.